viernes, 15 de julio de 2011

martes, 5 de julio de 2011

Siempre mar

Hay tantos y tantos mares... Unos nos apresan, otros nos hacen sentir libres, otros nos acogen, o nos hacen perdernos... y encontrarnos. Nos llevan y nos traen, nos unen, nos hacen viajar, pensar, soñar... Siempre mares.

Y hoy cumplo un año más. Abandono un mar. Descubro otros mil. Me baño en ellos, me empapo, me pierdo... me pierdo y sin embargo no paro de encontrar. Encuentro lindas caracolas que brillan, encuentro tesoros de piratas perdidos, encuentro deseos, deseos viejos cumplidos y deseos nuevos por cumplir. Y encuentro amigos. Llamémosles así: amigos. No muchos, los justos, pero amigos de verdad. Y los amigos traen siempre sonrisas. Mares de sonrisas y risas. Me alimentan. Me hacen crecer, cumplir un año más.

Y mi corazón crece conmigo. Crece y nada en estos mares. Mares que lo agitan, lo zarandean, lo revuelven. Mares de furia, pasión, ilusión, distancia, amor. Y mi corazón ama a estos mares, mi corazón se desborda, explota, se desgarra. Mares de terror y de amor. Mares compartidos, divididos. Mares y revolución. Mares y corazón. Siempre mares.

Y a veces de mis ojos salen lágrimas. Lágrimas que crean ríos que acaban en los mares. Mares en los que encuentro penas. Llamémosles así: penas. Penas que me atacan, me agotan, me deshacen... y sin embargo me hacen. Me hacen por dentro. Me hacen crecer y ganar. Tan sólo con llorar... siempre a mares.

Y hoy, al cumplir un año más, soy un mar. Un mar de risas y sonrisas. Un mar de lágrimas. Un mar de amor y corazón. Un mar de revolución. Un mar que acoge y une. Un mar que hace viajar y soñar. Soy un mar... un inmenso mar de posibilidades realizadas o idealizadas que me han llevado a ser como soy, que me han llevado a encontrar penas... y amigos... que me han llevado a cumplir un año más. Hoy. Siendo más Itsaso que nunca. Itsaso... siempre mar.

martes, 21 de junio de 2011

Señor Reloj



Señor Reloj, 

Siento comunicarle que, de ahora en adelante, debo prescindir de sus servicios. Sí, lo sé, ha sido usted de gran ayuda durante todo este tiempo y no se merece este desprecio repentino. Ha estado siempre que lo he necesitado, marcando el paso del tiempo, recordándome que la vida se me escapa, haciendo sonar y resonar su “tic-tac” sin descanso... ¡Y nunca me ha fallado! Usted siempre tan puntual… Por eso siento tanto tener que despedirle.

Pero, verá… las cosas han cambiado. Resulta que he probado la vida sin usted y me resulta mucho más satisfactoria. Ahora puedo dormir hasta tarde sin preocuparme de sus gritos cada mañana, puedo escuchar una misma canción tres veces seguidas cantándola des del principio hasta el final sin sentir que estoy perdiendo el tiempo, puedo salir a la calle y no volver a casa hasta que mi cuerpo me lo pida, puedo desayunar al mediodía y cenar de madrugada, puedo mirar a alguien a los ojos y sentir de veras que el tiempo se para… puedo disfrutar uno a uno los minutos sin necesidad de ser consciente de que se me escapan.

Ya no voy corriendo de aquí para allí mientras miro como sus agujas se adelantan burlándose de mí. Ya no le busco con la mirada deseando encontrarme con su mejor cara. Ya no pregunto por usted. Ni siquiera le miro por las noches.
Y ya no tengo miedo de llegar tarde, porque nunca es tarde si usted no está. Ya no siento ganas de mover sus rígidas agujas, porque ya no dependo de ellas. Hago lo que quiero cuando quiero. No le necesito. Ni a usted, ni a sus agujas, ni a su perfecta exactitud.

Aun así, le agradezco los servicios prestados y espero de veras que no me guarde rencor alguno. Por supuesto recibirá usted mi mejor recomendación para todo aquél que desee atormentarse con el sonido de los pasos del tiempo, para todo aquél que no sepa disfrutar sin contar los segundos de los minutos de los momentos, para todo aquél que crea tener todo bajo control y no se de cuenta que realmente no hay nada que controle al tiempo y a su velocidad… Porque el paso del tiempo es incontrolable, señor Reloj, y por mucho que lo cuente, lo siga y lo predique, nunca dejará de serlo.

Hasta nunca,

Itsaso de Verano


viernes, 3 de junio de 2011

¿Qué pasa?



- ¿Qué pasa?
- Nada. ¿Qué pasa? ¿Por qué preguntas qué pasa?
- No sé… ¡por algo te lo he preguntado!
- Pero si preguntas qué pasa, es porque crees que pasa algo cuando, en realidad, no pasa nada… ¡Así que a la que realmente le pasa algo es a ti! ¡¿Qué pasa?!
- ¡Nada! Tan sólo preguntaba qué pasa, ¡¿qué pasa?! ¿No puedo preguntar qué pasa?
- Sí, pero entiéndeme... es raro que preguntes qué pasa cuando no pasa nada.
- ¿Qué pasa si pregunto qué pasa? ¡No pasa nada!
- Bueno…
- Dejémoslo.


- Beth.
- ¿Qué?
- ¿Qué nos pasa?
- No lo sé.

lunes, 23 de mayo de 2011

¿En qué cabeza cabe?

- Pero, ¿a dónde te crees que vas? ¿Y el colegio? ¿Y tus planes de ir a la universidad? ¿Y Pierre? ¿Y tu padre? ¡Las cosas no se hacen así! ¡No puedes coger una maleta, llenarla de trapos y desaparecer por esa puerta sin decir a dónde vas! Y, ¿de qué piensas vivir? ¿Del aire? Venga, vuelve a casa, hija… Vuelve y lo hablamos…

- No, mamá, no voy a volver. Daniel está enchufado en la pescadería de su tío y yo estoy buscando trabajo. De momento vivimos en una pensión pero pronto encontraremos un piso y... nos queremos, mamá.

- ¡¿Que os queréis?! ¿Y de qué os sirve eso? Dime, ¿de qué? ¿Os dará de comer el amor? ¿Os dará qué vestir, dónde dormir? Irse así de casa… sin nada… de repente… En qué cabeza cabe… ¡¿En qué cabeza cabe?!

- En ninguna, mamá… Esto que te cuento tan sólo cabe en el corazón. Por eso ni papá ni tú podéis entenderlo. Porque hace mucho tiempo ya que no escucháis a vuestro corazón. Renunciasteis a él. Y, en consecuencia, renunciáis a mí. Adiós.


domingo, 22 de mayo de 2011

Floridia

Floridia está tumbada en el césped de algún parque. Tiene los ojos cerrados. Siente como el sol le quema la piel, sobretodo sus brazos desnudos. De repente alguien le coge de la mano, es él. Floridia ríe sin razón aparente, quizá por efectos de lo que ha fumado… o quizá por el cosquilleo eléctrico que le da siempre al sentir los dedos de Daniel paseándose por su cuerpo…

Todo es perfecto, el césped, el sol, la risa… Floridia a penas habla, tan sólo ríe de los comentarios de Daniel, que, en cambio, no calla más que para coger aire para volver a hablar. A cualquier otro podría resultarle pesado tal monólogo absurdo, pero a Floridia le encanta, no hace más que reír y absorber todo lo que oye.

Ahora Daniel deja de hablar. Ahora Floridia busca sus ojos, esos ojos claros que tanto le gustan, que tanto le hipnotizan. Ahora se besan. Y el sol sigue haciendo su función.

A parte de la voz de Daniel, Floridia percibe otro sonido… un saxofón… Parece que alguien practica alguna partitura de jazz. Pero no suena muy bien… Repite constantemente el mismo sonido… Espera. No es un saxofón… ¿Qué es? ¡Es horrible! Ese irritante ruido altera a Floridia. ¿Qué suena de ese modo?

Floridia apaga el despertador de un manotazo y abandona la almohada.




sábado, 21 de mayo de 2011

Hermanos I

- ¿Qué es eso? ¡Está nevando!
- No, eso blanco que ves caer es azúcar glasé, ¿a que parece nieve?
- Pues yo creo que es nieve...
- ¿Pero como quieres que sea nieve? Si lo de la nieve es un invento, sólo pasa en las películas, pequeñajo!
- ¿Y no crees que lo del azúcar glasé es menos probable que la nieve?
- Mira que eres pesado... ¡Si te digo que es azúcar glasé es porque yo misma he visto como Ellos dejaban caer los sacos llenos!
- ¿Ellos? ¿Quienes son Ellos?
- Ellos, los de arriba... ¿Es que todo te lo tengo que explicar?
- Por lo menos deberías intentarlo, eso es lo que hacen las hermanas mayores. Pepita dice que tengo que aprender de ti, ¿y como voy a aprender de ti si no me cuentas como son las cosas? Hay muchas cosas que yo no sé y que…
- ¡Vale, te lo contaré! Pero no empieces otra vez con esa teoría tuya del aprendizaje…
- ¡No es mi teoría, es lo que Pepita siempre me dice!
- Vale, pesado… Me voy a dormir.
- ¡No! ¡Aun no me has contado quienes son Ellos!
- Ellos, los que viven en el cielo, los que siempre nos dicen lo que tenemos que hacer… seguro que has oído hablar de Ellos alguna vez…
- No…
- ¡Eso es imposible! Todo el mundo habla de Ellos.
- ¡Ah, bueno, espera! Alguna vez he oído hablar a papá de Ellos… Dice que son muy tontos, que prometen cosas y luego no las cumplen… pero él no dijo en ningún momento que viviesen en el cielo…
- ¡No seas cabeza hueca! Esos de los que tanto habla papá no son Ellos, son otros que viven en un sitio que se llama parlamento y que se reúnen todos los días para contar historias que salen en el periódico. Yo me refiero a los que viven allí, todos juntos. Son Ellos los que nos traen regalos si nos portamos bien en navidad, son los que hacen que, por la noche, salgan unos puntitos brillantes en el cielo. ¿Nunca te has fijado?
- Oh.
- Venga duérmete, que se hace tarde.

- Grete.
- ¿Mmmm?
- ¿Estás dormida?
- Mmmm.
- ¿Y qué estás soñando?
- Sueño que mi hermano no me deja dormir y que como siga así, mañana le haré comerse el brócoli que hoy ha guardado en la nevera a escondidas.
- Pues vaya sueño más raro…
- Buenas noches, Pierre.
- Buenas noches.

Sunahi y yo en la bañera. Quizá año 2000.